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Sabemos que es fundamental cuidarse el corazón, conocerse y quererse a uno mismo para poder trasladar eso a los demás. La cuestión es ¿cómo se exterioriza? ¿Cómo se crece por fuera? Que yo sepa sacarse el corazón del pecho es algo que solo ocurre en series como ‘Érase una vez’ (ABC Studios) y no es muy recomendable. Somos seres sociales, vivimos en comunidad y por ello requerimos de una educación, que no trata solo de masticar con la boca cerrada, que también.

Crecer por fuera es un proceso que va íntimamente ligado a crecer por dentro y que empieza cuando somos bebés. Engloba aspectos externos como los modales pero también es el modo de estar en la vida, o sea, cómo estamos presentes en el mundo.

Yo tengo la suerte -aunque a veces con el cansancio le adjudique otro adjetivo menos generoso 😉 – de llevar más de 10 años cuidando niños de todas las edades. Por lo que he visto ese proceso en muchas etapas distintas de desarrollo. Gracias a eso me he ido haciendo un esquema mental inconsciente de cómo se crece.

Y ahora encima voy a ser madre. Por eso creo que ha llegado la hora de trasladarlo al papel. Tal vez así entienda mejor la vida y a las personas y quizás esto pueda ayudar a otros a entenderlo. Será un placer compartir mi experiencia con vosotros, que me leéis.

De eso trata precisamente esta sección. 'Diario de una madre' es un espacio para descubrir cómo el ser humano es capaz de aprenderlo todo desde cero e ir evolucionando como persona. Clic para tuitear Qué mejor modelo para ser testigos del crecimiento humano que los niños. Ellos crecen por fuera a la par que crecen por dentro. Y ese camino es evidente para cualquiera con los ojos abiertos. Para ellos todo es nuevo, todo supone un reto, todo es fascinante. Y cada vez que cuido niños -de cualquier edad-, me parece una maravilla cómo afrontan la vida, cómo caminan por ella. No dejan de sorprenderme.

Así pues, aquí vamos a hablar de esos primeros pasos que forjan a toda personita y la hacen estar en el mundo. “Seamos hombres en camino”, Julián Carrón.

Fdo: María Ros