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Existe una célebre frase -recogida en un conocido libro- que hoy viene que ni pintada: “No tengáis miedo”. Y yo le añado: “de ser padres”. Y es que la familia no está de moda, porque tener hijos es incómodo, tener hijos te deja sin tiempo para ti, y lo que prima hoy en día es el yo.

Quedarse embarazada es molesto: la barriga molesta, las estrías son un fastidio, igual que las náuseas y los vómitos. Y no digamos cuando el bebé ya ha nacido y tienes que pasarte años sin dormir, limpiando culos, cambiando pañales y haciendo biberones y papillas.

Seamos claros, ser padres es un marronazo. Nada a nuestro alrededor acompaña la valiente decisión. Clic para tuitear

¿Para qué invertir nuestros recursos, tiempo y años de juventud en tener hijos si podemos disfrutar de la vida acompañados tan solo de nuestra sombra?

Cuando hacemos este planteamiento, olvidamos la parte más importante: Un hijo es un regalo.

Un bebé no es un renting, no se admiten devoluciones, ni cambios. Si te llega, te llega, y el que te toca, te toca. Y es precisamente por eso, por lo que tener un hijo asusta tanto. Da muchísimo vértigo hipotecarse de por vida por otra persona, sobre todo por una que es absolutamente dependiente de ti.

Como alguien que te escribe con su primer bebé al lado, te digo que sí, que da un vértigo que te mueres, que la ansiedad no te la quita nadie, que el sufrimiento lo vas a llevar de copiloto a todas partes, pero que una sola sonrisa de esa boquita desdentada, paga las molestias y las noches en vela. No sé por qué es así, pero es así.

Por eso te digo, con conocimiento de causa, que no hagas caso a los perfiles de redes sociales perfectos que te plantean el embarazo y la maternidad/paternidad como algo maravilloso. Porque no siempre lo es.

Ser padre es duro, muy duro. Pero es una carga que al final del día llevas con gusto, porque te permite crecer por dentro, porque te da la oportunidad de querer con todo lo que eres y de ser querido sin censura.

Por eso, el vértigo no debería impedirnos dar el paso.

No tengáis miedo…de ser padres. Atrevámonos a dar nuestra vida por un hijo, atrevámonos a ser felices. Echémosle valor y arriesguémonos a meter la pata, a hundirla cada vez más y a seguir intentándolo. Atrevámonos a pedir ayuda, a leer libros, a hablar con otros padres, a formarnos, a aprender a educar.

Nadie nace con la paternidad aprendida. Se trata de quererlos a tope, el resto llega con el tiempo. Clic para tuitear

Realmente no hace falta tener millones, una gran mansión y un trabajo vitalicio. Hoy en día eso no se ajusta a la realidad. Y es que si esperamos a tener la lista entera, jamás tendríamos hijos. Pueden pasarnos tantas cosas en la vida… Es inútil pretender tenerlo todo atado, las cosas simplemente cambian. Seamos valientes aquí y ahora.

Formar una familia no está de moda, querer a los hijos simplemente por ‘ser’ y no intentar cambiarlos a placer, tampoco está de moda. Realmente es de valientes ir a ciegas, decir ‘sí’ a la vida y apechugar con la lotería que nos toque.

Como madre primeriza, os grito con certeza que ser padres vale la pena. Lo prometo.

Fdo: María Ros