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5 motivos para no publicar

fotos de nuestros niños en las redes sociales

 

Dentro de muy poquito voy a ser madre, y por eso me he planteado muy seriamente qué exposición van a tener mis hijos en las redes sociales. Y la respuesta es nula. Y si nos ganara la partida el orgullo de padres, que es normaaaaaal, hemos consensuado que nunca, bajo ningún concepto, aparezca su cara. ¡Hay mil formas creativas de que una foto así quede monísima!

Sé que voy a tener que luchar por ello y que nos va a costar sangre, sudor y lágrimas enfrentarnos a todos aquellos que no entiendan nuestra decisión como padres.

Me niego a exponer abiertamente a los niños en las redes sociales. Clic para tuitear

Y es que la no-exposición de los niños en las redes sociales no está de moda. Porque, ¿quién no quiere presumir de niño? Porque, ¿qué mal puede haber en subir una foto ultra cuqui de tu hijo? Aquí van nuestros motivos.

1. Los niños tienen derecho a su privacidad.

 

Hacen monerías cada minuto y medio y, como padres, nos encanta presumir de hijos, sin malas intenciones o ideas raras en la cabeza. Es completamente lícito. Pero no podemos olvidar que nuestros hijos son seres humanos independientes a nosotros, tienen su propia personalidad, su carácter, su forma de ser y pronto descubrirán cómo quieren estar en el mundo. ¿Por qué les robamos ese derecho de exposición desde el principio?

 

2. Los niños no tienen capacidad de decisión.

 

Como decíamos, un niño pequeño no tiene suficiente criterio para escoger salir en las fotos o para decidir cómo, cuándo y con quién sale. Los padres disparan a diestro y siniestro, y más ahora que ya no funcionamos con carretes y podemos liarnos a hacer tropecientosmil millones de fotos sin fundirnos la cámara. Pero, ¿y si en unos años nuestros hijos ven esos books de fotos y prefieren no haber aparecido en ellos?

Una cosa es cerrar el álbum familiar y esconderlo en el garaje para que nadie vuelva a abrir sus tapas y la otra es aparecer de forma infinita en las redes, donde todo queda para siempre.

Pensemos en su posible vergüenza, timidez, enfado. Tienen derecho a reaccionar mal. Al fin y al cabo, estamos jugando con su imagen personal.

 

3. Los estamos educando.

 

Y, por tanto, tenemos una responsabilidad muy grande. Como progenitores, depende de nosotros que los niños aprendan a utilizar las redes sociales y las nuevas tecnologías con inteligencia y responsabilidad.

Si los adultos somos los primeros en faltar el respeto a su intimidad, ¿cómo van a aprender ellos a tenerla en cuenta? No van a saber qué enseñar de su vida privada y qué guardarse. Clic para tuitear

Ya tendremos tiempo de lidiar con su forma de expresar esa identidad en Internet cuando sean adolescentes y sea incontrolable su acceso a  las redes sociales del momento. ¿Para qué adelantar acontecimientos?

4. En manos de quién acaban esas fotos. Y con qué finalidad.

 

Lejos de estar involucrados en casos a lo ‘Ley y orden. Unidad de víctimas especiales’, que puede pasar, quien sube una imagen a internet pierde el control sobre la misma. Y, si bien es cierto que puede caer en malas manos, Dios nos libre, también puede caer en manos de cualquiera. Literalmente ‘de cualquiera’, por inocente que sea.

A mí no me da la gana que la vecina del 5º pueda hacer una captura de pantalla, o descargarse con toda tranquilidad, la foto de mi hija o de mi sobrino. No es que vaya a hacer un mal uso de esta pero, ¿por qué iba a poder tenerla tranquilamente en su galería de fotos sin habérsela pasado yo? No me da la gana.

 

5. Tenemos que respetar a nuestros hijos.

 

Nos atrae demasiado ser los más leídos, los más retuiteados, los más comentados, los más compartidos. Y es que esta es nuestra lucha 2.0, responde a nuestro modus vivendi. Lo malo está cuando olvidamos el límite e implicamos a los más pequeños, o peor, cuando ni siquiera hemos caído en trazar una línea.

Piénsalo detenidamente, ¿alguna vez te has planteado poner un límite de privacidad a tus redes sociales? Clic para tuitear

Creo sinceramente que al plantear un límite respecto a nuestros hijos, les estamos respetando. Es como decidir no leer su diario. Como padres, debemos plantearnos estas situaciones y en función de cómo decidamos vivirlas, ellos estarán en el mundo de una forma concreta. Enseñémosles a crecer por dentro.

Fdo: María Ros